I. La búsqueda y el encuentro

Sonetos Nº 3 28/09/2025

El milagro de su llegada

Se alzó como azucena inmaculada
en la estéril planicie del dolor:
frágil rosa que trajo su color
a mi tierra, por siglos agostada.

Bronce vivo en su trenza destrenzada,
nácar puro su piel en su candor,
antigua miel su mirada de amor,
y su risa, cual fuente plateada.

Era el cisne de todos mis anhelos,
esperanza y misterio conjugados,
ilusión que alumbraba mis desvelos.

Era el lirio en mis campos desolados,
aquel milagro que dieron mis cielos:
rosa fugaz de tiempos alejados.


El viajero renacido

Cruzaba eternidades cual viandante
entre los velos del tiempo infinito;
era un Ulises sin hogar ni rito,
náufrago en mares de un mundo distante.

Su alma, como polen en viento errante,
vagaba ausente de todo lo escrito,
esencia pura en perpetuo proscrito,
sombra extinguida en su noche menguante.

Mas surgió el faro de aquella mirada
que despertó los jardines dormidos,
cual aurora nueva en su alma quebrada.

Y en esa luz de horizontes perdidos,
su esencia, al fin, se encontró rescatada:
renacieron los sueños sumergidos.


Travesía del tiempo

Por mares infinitos he vagado;
tormentas milenarias he sufrido;
innúmeras estrellas he perdido;
caminos sin razón he transitado.

¡En cuánto tiempo, amor, te he rastreado…!
¡En cuánto tiempo, luz, te he perseguido…!
¡En cuántas vidas, sol, te he presentido…!
¡En cuántos sueños ya te he recordado…!

Este errante por fin podrá mirarte;
delante de mis ojos, mas distante,
el destino te puso para amarte.

Aquel momento fue tan deslumbrante:
puedo verte, sentirte, contemplarte;
es poco para darte, no es bastante.


La búsqueda eterna

Sin saberlo buscaba en el misterio
tu esencia a través de vidas pasadas;
mas las sendas quedaron silenciadas,
sin mostrar de tu luz el magisterio.

Rendido ante el cansancio y al cautiverio,
claudiqué ante las calzadas selladas,
viendo todas mis ansias derrotadas
por esa suerte de cruel vituperio.

Mas al fin, tras edades infinitas,
este arcano designio soberano
ha sanado las llagas ya prescritas,

al mostrarte en designio tan arcano,
que nuestras almas, por siempre infinitas,
se juntan hoy en un tiempo soberano.


Búsqueda y encuentro

Me buscaste por sendas infinitas,
me hallaste al fin con ojos eternales;
con gestos y silencios ancestrales
el lenguaje del alma me recitas.

Tus señales quedaron exquisitas,
grabadas en mis sueños inmortales;
me hablaste con palabras esenciales:
mas se perdieron cual hojas marchitas.

Conseguiste que abriera mis fronteras,
derribaste los muros de mi calma,
tocaste el corazón cuando no esperas.

Ahora soy yo quien se rinde a su alma,
pues sé que nuestras vidas verdaderas
se enlazan con hilo por nuestra palma.


El hilo rojo del destino

Dicen los sabios de tierras lejanas
que un hilo carmesí une nuestras vidas:
las almas quedan siempre prometidas
antes de formar auroras tempranas.

Cuentan que en antiguas luces arcanas
nuestras esencias ya fueron unidas;
que las dejó el tiempo así: divididas,
para encontrarse en horas más cercanas.

Fusionados por la hebra del destino,
invisible lazo que no se quiebra,
andamos juntos por mismo camino.

El hilo mismo que el tiempo celebra
nos ha marcado en este don divino:
tu alma junto a la mía en la misma hebra.


El necio arrepentido

La verdad no vi en mi triste ceguera:
miraba tu dolor junto a su lado;
mas no entendí tu gesto delicado,
y hoy pago por mi soberbia altanera.

Esta coraza que me volvió fiera
me impidió ver tu amor desesperado;
no supe leer tu signo sagrado:
fui necio y esta culpa a mí me lacera.

Mas no me rendiré frente a este sino:
quizás no sea en la presente vida,
mas si a mi senda te trajo el destino,

es porque mi plegaria al fin fue oída;
aunque llegue cual eco peregrino,
mi alma sabe que tú eres la elegida.


Reencuentro de almas

¿En qué eterna esfera se han encontrado
estas almas de antiguo conocidas?
¿En qué luz celeste fueron fundidas
antes que el tiempo fuera desterrado?

¿Qué designio primoroso ha orquestado
este enlace de esencias elegidas?
¿Qué fuerza teje las sendas unidas
que el destino tenía reservado?

Aflora un eco de edades primeras,
renace un fuego de eterna memoria,
se despiertan las luces verdaderas.

No es encuentro, es la sagrada victoria:
dos esencias, que yacieron viajeras,
al fin hallan juntas su antigua gloria.

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