III. El nacimiento del amor

Sonetos Nº 5 28/09/2025

El cruel juego del destino

Como deidad que teje los momentos,
el destino nos une en su alborada;
luz que torna la sombra en llamarada,
nos eleva a sus místicos portentos.

Mas después, con sus giros turbulentos,
nos separa con mano despiadada;
cruel designio que vuelve en casi nada
lo que fuera un jardín de sentimientos.

Ya trazó su designio soberano:
permitió que brillara tu sonrisa
para hacerme olvidar lo más mundano.

Ahora el alma, desnuda y sumisa,
tan solo anhela tu ser, tan lejano,
mientras tiempo y distancia se improvisa.


El corazón domado

Justo cuando creía ser el dueño
de este indómito y fiero corazón,
surgió aquella divina aparición
que despertó mi más antiguo sueño.

Un sueño que guardaba cual pequeño
tesoro en mi abandonada prisión:
una mirada, dulce bendición,
y un roce que cambió todo mi empeño.

Pensaba haber labrado una armadura
de hierro forjado, firme y acerado,
mas veo que ante ti pierde su altura.

Creí ser un castillo bien guardado,
pero tu luz penetra con dulzura
los muros que yo mismo había alzado.


Corazón en cautiverio

Llora un corazón en su cautiverio,
tras los hierros de su propia condena;
cada latido aumenta la cadena
que lo aprisiona en su dulce misterio.

Sangra la esencia en su propio hemisferio;
cada gota es un eco de la pena;
cada pulso es la sangre que se ordena
dormir callada en su propio criterio.

Mas vive un alma que escucha su canto,
que entiende el código de sus latidos,
que quiere alzarlo más allá del llanto.

Existe un ser entre los elegidos
que ha de romper ese místico manto:
serán dos pulsos al final reunidos.


Susurro de amor

Soy aquel verso que nace sin fronteras,
voz que escribe sin nombre su mensaje:
brisa suave que porta un homenaje,
que el viento lleva por sus primaveras.

Soy aquel canto de notas verdaderas
que brota del alma sin su ropaje:
eco puro que emerge del paisaje
donde habitan mis ansias más sinceras.

Soy palabras que fluyen cual rocío,
destiladas en páginas de plata,
donde vierte el amor su poderío.

Es mi esencia que el tiempo no dilata,
sentimiento tan grande, amor tan mío:
real verdad que en versos se desata.


La dulzura del amor

“No soy digna de amor tan elevado”,
murmuras con tu voz de terciopelo.
No comprendes aún que eres el cielo
que mi ser, tantas noches, ha soñado.

Me llamas “celestial”, mas he quedado
siendo apenas un hombre en este suelo;
un pobre peregrino que alzó el vuelo
buscando en ti su norte consagrado.

¿No percibes acaso, amada mía,
que eres tú quien destila la dulzura,
que eres tú quien me colma de armonía?

Eres fuente de luz y de hermosura,
eres verso que vuelve melodía
mi existir: eres tú mi arquitectura.


Palabras de amor

Me ama: su voz proclama el sentimiento,
y encuentro al fin la paz tan anhelada;
mi corazón, sin sombra ni emboscada,
late sin convertir su amor en viento.

Mi alma susurra con nuevo ardimiento,
ya no grita su angustia desbocada;
brilla más esta llama renovada:
la amo, me ama, y con mi voz yo no miento.

Nunca jamás urgí con tal urgencia
las dos simples palabras que hoy proclamo:
dos voces que transforman mi existencia.

Son las palabras por las que yo clamo,
que despiertan a esta mi antigua esencia:
“Te amo”, le confieso a ella, “tanto te amo”.

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