IV. La pasión y el deseo
Promesa de amor sensual
Te tomaré con manos de alborada
y haré que surja el fuego en tu hermosura;
mis brazos te alzarán hacia la altura
donde el alma se encuentra deslumbrada.
Tu piel será la seda iluminada
que anhela trascender en su ventura;
tu espíritu, rompiendo la clausura,
se extenderá cual llama liberada.
Mis dedos, como rayos del destino,
recorrerán la seda de tu cuello,
tu espalda, con temblor casi divino.
Acariciando suave tu cabello,
penetraré en tu templo cristalino:
serás mi altar, seré tu eterno sello.
Cuerpo y alma
Tu cuerpo es ese templo que visito,
y tu alma es ees dios que reverencio;
tu cuerpo es el lugar donde presencio,
y tu alma es esa esencia donde habito.
Tu cuerpo es el espacio que recito,
y tu alma es ese cielo que silencio;
tu cuerpo es el jardín que diferencio,
y tu alma es el aire que necesito.
Mi cuerpo ansia ser tuyo en laberinto,
mi cuerpo busca hundir en ti su huella,
y mi alma percibe algo muy distinto.
Mi cuerpo sueña hacerte su centella,
mi cuerpo se quema en su propio instinto,
y mi alma quiere ser tu luz más bella.
Ruego a Cronos
Cronos, rompe las alas al infante,
quiebra su arco, su aljaba y sus saetas:
flechas de oro y plomo hechas, tan discretas,
que hacen amor y olvido en un instante.
Cronos, detén a este dios delirante,
a Cupido de artimañas secretas,
que entre amantes traza hileras inquietas
sin dejar que el amor sea constante.
Cupido me visita en cada aurora,
despierta en mí el deseo más profundo
y mi esencia en su fuego se demora.
Cronos, déjalo aquí en este mi mundo
o prometo lamentos a cada hora:
haz que en ella me vierta, moribundo.
La batalla de los dioses
Cupido, me has clavado tu saeta;
Cupido, que transformas corazones
y los vuelves ardientes y prisiones:
prendes fuego a mi esencia más secreta.
Anteros, mi oculto anhelo interpreta;
Anteros, que apareces en rincones
donde mueren antiguas ilusiones:
contigo el alma encuentra la paz quieta.
Cupido hirió con flecha de oro puro,
despertando este amor que tanto anhelo
y que guardo cual místico conjuro.
Anteros porta luz desde otro cielo,
y arde en mí su deseo más oscuro;
mas combaten, y muero en este duelo.
El triunfo del alma
Dicen que el amor vence las edades
con pasión y deseos eternales,
mas el tiempo derrota a los mortales
sin importar sus tiernas lealtades.
El tiempo es eterno y, en sus soledades,
todo lo abraza en brazos colosales;
pero las almas son más inmortales:
trascienden siglos, vidas y beldades.
Somos almas gemelas, separadas
por los juegos del hado caprichoso;
somos almas por siempre entrelazadas
por designio del sino prodigioso;
nuestras almas están ya consagradas:
vivirán más allá del tiempo ansioso.
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