VII. Los sueños y el consuelo
El sueño del soñador
He soñado que soy solo un infante;
he soñado ser bardo y peregrino,
que soy apenas un ente sin destino;
he soñado soñarte a cada instante.
He soñado mi viejera distante;
he soñado vivir sin tu camino,
que no me entrego en este amor divino;
he soñado soñar, ser delirante.
He soñado soñar que te soñaba,
pero no eres un sueño pasajero,
pues eres esa luz que yo buscaba.
He soñado soñar ser verdadero,
he soñado soñar que te encontraba,
que soy tu sueño y que en ti persevero.
Sueños de amor
Tantas noches soñé con ser tu puerto
que tenerte sería mar en calma;
tanto sueño nutrió mi sed del alma
que es milagro en mis sueños descubierto.
Puedo verte y tenerte en este huerto
donde, aun siendo espejismo de mi palma,
me adueño de una estrella que me ensalma
y hace que mi temor yazga ya muerto.
Entre sueños diviso tu belleza,
entre sueños te nombro y me delato,
entre sueños proclamo mi certeza:
la promesa del tiempo más sensato,
la promesa que guarda tu pureza
en recuerdos eternos de un retrato.
Amor platónico
Sabed que nos amamos sin frontera,
mas no somos amantes terrenales;
sabed que entre los roces celestiales
tan solo hubo un roce de primavera.
Y aunque la distancia esta nos espera,
nos fundimos en lazos eternales;
sabed que sin los encuentros carnales
la entrega fue total y verdadera.
Este amor trasciende de lo mundano,
me consumo por ella entre desvelos,
la sueño de mil formas, tan lejano.
Es causa de mis dichas y mis duelos;
si callo, siento el pecho ya profano:
preciso confesar estos anhelos.
El amor verdadero
¡Qué sabrán del amor los que te tienen
entre sus brazos como flor cerrada!
¡Qué sabrán los que miran tu alborada
y en tu jardín dichosos se mantienen!
Callar mi voz mientras otros obtienen
tu presencia de rosa cultivada,
sabiendo que mi senda está privada
de los pétalos que a otros entretienen,
eso es amor: no anunciar el “te quiero”,
amarte sin rozar tu primavera,
en silencio: por eso nada espero
al ver tu nombre que, aunque yo quisiera
gritarlo siendo el más puro y sincero,
lo custodio en mi noche prisionera.
Distancia y constancia
Bien conoces mi sacra teoría
sobre la ausencia y el silencio profundo:
son heraldos del olvido en el mundo,
gigantes de una inmensa jerarquía.
No estaremos en la misma armonía,
y el dolor será muy grave y rotundo;
mas saldremos del trance moribundo,
pues la constancia será nuestra guía.
Cuando la aurora despierte en el cielo,
cuando las sombras invadan la tierra,
cuando este sol nos regale su velo,
pienso en cómo el espacio en mí me encierra
y medito en este arcano desvelo,
mas mi alma persiste en su propia guerra.
Sueños de amor
Tantas veces soñé poder tenerte
que tenerte sería un sueño eterno;
tanto soñar con tal amor fraterno
que es divino en mis sueños poder verte.
Puedo verte y tenerte de tal suerte
que, aun sin ser un destino sempiterno,
me adueño de este instante tan interno
donde mi ser no anhela ya perderte.
En mis sueños contemplo tu hermosura,
en mis sueños te busco y me confieso,
en mis sueños proclamo mi ventura:
la promesa sagrada de un regreso,
la promesa de un alma que fulgura
con recuerdos eternos de un suceso.
Renunciación
Cuánta verdad habita en tus razones…
Solo es mío este mundo imaginado,
este edén que los dos hemos forjado:
jardín sublime de dulces pasiones.
Mas tienes la verdad en tus prisiones:
cada cual debe andar por su costado;
yo en mi mundo de versos, alejado,
tú en tu senda de eternas decisiones.
Es cierto… solo guardo la luz pura
de un afecto; seré fiel mensajero,
sin más cantos, aunque sea tortura.
Tan solo esto te suplico, esto espero:
di que fui una ilusión, breve locura;
dame el consuelo que, doliente, quiero.
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