I. El despertar de la pluma
La pluma renacida
Como ves, un soneto
no brota de esta pluma que te admira;
mas surge un amuleto
de luz cuando suspira,
y veo cómo el verso ya delira.
Mi pluma, soberana,
promulga estas estrofas cual destino;
la forma, aunque mundana,
revela un peregrino
canto que brota puro y cristalino.
No es única mi pluma
que vierte esencias de divino canto;
luz que no se consuma,
que eleva sacrosanto
misterio que los dioses tejen tanto.
La tinta del alma
Sentir es tinta pura,
esencia que del alma se derrama;
vital arquitectura
que enciende antigua llama
y al ser que estaba extinto ya reclama.
Es tuyo este gran vuelo
que nace de las alas que has abierto;
es tuyo este desvelo
que habita en mi desierto:
no intentes callar lo que está despierto.
¿Qué viste tras el velo
que usaba para disfrazar mi esencia?
¿Qué místico señuelo
cruzó con su presencia
los muros que erigió mi resistencia?
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