III. La confesión del amor
El mensajero
Soy mensajero errante
de un fuego que trasciende lo terreno;
mi canto es navegante
de un mar puro y sereno:
amor que fluye eterno en lo que peno.
Mi sed es infinita:
tan solo anhelo amar sin más cadenas;
es hambre que palpita,
que corre por mis venas
cual río que no busca sino arenas.
No hay prisa en este vuelo;
aquí me quedaré, siempre aguardando,
cual astro en alto cielo,
tu luz siempre buscando,
mientras tú vas secretos custodiando.
Interactúa con el capítulo
Envía un mensaje privado al autor. Solo él podrá leerlo y responder si dejas tu email.